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Archivos diarios: diciembre 30, 2012

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Un representante estudiantil revienta un acto con altos cargos de Wert en la Universidad de Oviedo

 

PARA QUE LUCHAR CONTRA EL SISTEMA, SI EL SISTEMA SOMOS TODOS

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Para que luchar contra el Sistema, si el Sistema somos todos.

Nosotros obedecemos ciegamente y votamos disciplinada-mente cuando dicen que toca, a políticos que decimos son unos corruptos.

Les criticamos que tengan ahorros en paraísos fiscales, etc

Pero nosotros, la mayoría de los miembros de esta  Sociedad:

–Invertimos nuestros ahorros (cuando los tenemos) en la entidad bancaria  o en el negocio que nos de mas rentabilidad sin preguntar como se obtiene esta rentabilidad.

–Pedimos favores a algún político “corrupto” para que nos coloque a un familiar.

–Aspiramos a cambiar de coche cuanto antes y nos olvidamos de la bicicleta.

–No queremos aire , agua y alimentos contaminados y con nuestra actividad diaria desmedida,  no paramos de contaminar.

–Compramos productos de China o de IKEA porque son mas baratos y exigimos empleo donde no se produce lo que consumimos.

–La competitividad nos provoca estrés  y en cambio queremos que nuestro equipo de fútbol favorito sea “competitivo” y humille a sus adversarios.

–Tenemos miedo a la muerte y fumamos, bebemos y tomamos drogas  como locos.

–No queremos la guerra y toleramos la que se impone a los demás.

¿ En verdad el sistema o la Sociedad esta enferma , o somos todos y cada uno de nosotros los que estamos desorientados y damos palos de ciego de forma totalmente incoherente?.

Creo que son momentos de retro-inspección hacia nuestro interior y no es porque sean unas fechas, que para la comunidad cristiana,  invitan a ello, sino porque estamos llegando al final de un ciclo donde nos estamos dando cuenta de  que habitamos en un Planeta finito, donde el crecimiento continuo es imposible.

Nuestras vidas, las de cualquier animal o planta, nos indican que hay un momento para nacer, crecer, mantenerse, decrecer, morir y volver a renacer.

A nivel global, en nuestro Planeta como organismo viviente que es, también ocurre lo mismo. Partes del Planeta, Países diferentes, iniciamos un recorrido (creíamos de éxito) con fases de “crecimiento” tan solo económico y ahora estamos ya  en la fase de decrecimiento, esperando el desenlace, para volver a renacer.

Otras partes del Planeta en cambio están en sus fases “gloriosas” de crecimiento (China, India, Brasil….), pero en todas ellas como nos pasaba a nosotros anteriormente, en plena fase de crecimiento, también hay desequilibrio y sufrimiento.

El Equilibrio global conocido consiste en esto (sea con un modelo  económico u otro conocido), nacer, crecer, mantenerse, decrecer, morir y renacer y esto se va reproduciendo por barrios. Unas veces somos imperio y otras somos sometidos por otros imperios.

 La NATURALEZA en mayúsculas nos recuerda pues cada día que el crecimiento continuo es imposible.

Si quisiéramos superar este modelo que tanto sufrimiento esta provocando a millones de seres humanos continuamente y durante todos los tiempos, solo hay que desear a los demás  lo mismo que deseas para ti mismo. Y no solamente desearlo sino hacer lo posible para que así sea.

Nacer, morir y renacer, es lo único que no podremos evitar, pero intentemos vivir las demás fases de nuestra existencia con dignidad.

La competitividad es equivalente a muerte prematura y guerra. Es un modelo  que se basa en  triunfar en todos los niveles siempre, a costa de los demás para poder sobrevivir.

Nunca en la historia de la Humanidad tantos conocimientos científicos y o tecnológicos permiten producir  con tan poco esfuerzo humano físico.

Nunca en la Humanidad habíamos tenido mecanismos de creación de riqueza tan enormes.

¿Y para que sirve tanta creación de riqueza si la única forma de obtenerla por la mayoría de humanos , es trabajando en actividades en las que la ciencia ha hecho innecesario al hombre?.

De que sirve acumular tanta riqueza en pocas manos?

–¿Solo para crear esclavitud y dependencia?

–¿Solo por ansia de Poder?.

–¿O porque los seres humanos  no sabemos organizarnos de otra manera?

 

Básicamente creo que  es miedo a perder el poder por quien tradicionalmente lo viene ostentando.

Si el miedo a la represalia de las multitudes por lo que ha acontecido hasta hoy desapareciera, otro mundo seria posible.

Abogo pues por el perdón hacia aquellas personas o familias que durante decenios o milenios les ha tocado la parcela de administrar el poder.

O es que acaso la mayoría que ha padecido el abuso de poder no hubiera deseado estar en la situación de dominador?

Es aquí donde radica el nudo de la cuestión, pasemos página y seamos capaces de crear otra forma de evolucionar y no la que predico Darwin y a la que se han acogido los modelos económicos  neo liberales mas extremos. Evolucionamos gracias a la cooperación no a la competitividad.

Porque si somos capaces de crear riqueza sin la intervención física  del hombre, ¿para que alargar la jornada laboral o la edad de jubilación?.

–Vamos a compartir y no ha competir.

–Vamos a usar los bienes y alimentos de forma mesurada para que lleguen a todos.

–Vamos a hablar claramente (sin la presión de las Religiones) de la responsabilidad a la hora de procrear nuevos seres humanos para no sobrepasar la carga planetaria tolerable de los mismos

–Vamos a compartir,  pero no lo centremos solo en lo económico. Lo más importante es compartir el conocimiento y que podamos usarlo y disfrutarlo en igualdad de oportunidades.

Un paso en este sentido:

–Es la idea de la Economía por el bien común de   Christian Felber

http://es.wikipedia.org/wiki/Econom%C3%ADa_del_bien_com%C3%BAn

–O la de  Enric Duran con la Cooperativa integral catalana

http://www.vivirsinempleo.org/2011/09/sobre-la-cooperativa-integral-catalana.html

 

–O la de la Dulce Revolución de las Plantas Medicinales

http://www.dolcarevolucio.cat/es/

– O la de la Banca Ética  FIARE, TRIODOS, etc.

http://www.proyectofiare.com/web/es/fiare/quienes-somos

http://www.triodos.es/es/particulares/

http://www.casx.cat/es

O la del caso Marinaleda

http://www.huffingtonpost.es/2012/08/08/marinaleda-la-utopia-comunista-sanchez-gordillo_n_1756382.html

–Y la de tantos y tantos ejemplos que están mitigando los errores de un Sistema condenado a evolucionar de otra forma a la conocida hasta este momento.

Fuente: Josep Pamies

 

¿Derecho de injerencia o derecho internacional? Respuesta a la izquierda anti-antiguerra

por Jean Bricmont

Incapaz de concretar su necesaria reconstrucción ideológica después de la desaparición del «hermano mayor» soviético, la izquierda europea se pierde hoy en día en luchas sobre los valores e instituciones de la sociedad ya existente, en el plano interno, y a favor del intervencionismo humanitario, en materia de política exterior. Hundida de lleno en la incoherencia, esa izquierda está llamando al imperialismo estadounidense a «garantizar» la protección de los pueblos. Pero, ¿cómo se puede pretender proteger a los demás cuando uno mismo ha renunciado a su propia libertad?

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Desde los años 1990, y sobre todo después d la guerra de Kosovo, en 1999, los adversarios de las intervenciones occidentales y de la OTAN han tenido que enfrentar lo que pudiéramos llamar una izquierda (y una extrema izquierda) anti-antiguerra, en la que se inscriben la socialdemocracia, los Verdes y la mayor parte de la izquierda «radical» (como el Nuevo Partido Anticapitalista [1], diferentes grupos antifascistas, etc.) [2]. Es una izquierda que no se declara abiertamente favorable a las intervenciones militares y que a veces llega a criticarlas (aunque en general, critica únicamente las tácticas aplicadas y las intenciones, vinculadas al petróleo o de orden geoestratégico, atribuidas a las potencias occidentales), pero que dedica la mayor parte de sus energías a «advertir» contra las supuestas derivas del sector de la izquierda que se mantiene firmemente opuesto a esas intervenciones.

Esa izquierda anti-antiguerra nos llama a apoyar a las «víctimas» en contra de los «verdugos», a ser «solidarios con los pueblos en contra de los tiranos», a no ceder ante un «antiimperialismo», un «antiamericanismo» o «antisionismo» simplificadores y, sobre todo, a no convertirnos en aliados de la extrema derecha. Después de los albaneses de Kosovo –en 1990–, nos ha dicho que «tenemos que proteger» sucesivamente a las mujeres afganas, a los kurdos iraquíes y, más recientemente, a los pueblos de Libia y de Siria.

No se puede negar que esa izquierda anti-antiguerra ha resultado extremadamente eficaz. La guerra contra Irak, presentada como la lucha contra una amenaza imaginaria, suscitó una oposición pasajera, pero sólo ha habido una débil oposición en las filas de la izquierda ante las intervenciones presentadas como «humanitarias», como la de Kosovo, los bombardeos contra Libia o la actual injerencia en Siria. Toda reflexión sobre la paz o el imperialismo ha sido simplemente barrida por la invocación del «derecho de injerencia», de la «responsabilidad de proteger» o del «deber de acudir en ayuda de un pueblo en peligro».

Una extrema izquierda nostálgica de las revoluciones y las luchas de liberación nacional tiende a analizar cualquier conflicto interno en determinado país como una agresión de un dictador contra su pueblo oprimido que aspira a la democracia. La interpretación, compartida por la izquierda y la derecha, sobre la victoria de Occidente en la lucha contra el comunismo ha tenido un efecto similar.

¿Quién es ese «nosotros» al que se llama a «proteger e intervenir»?

La ambigüedad fundamental del discurso de la izquierda anti-antiguerra reside en saber quién es ese «nosotros» que debe proteger, intervenir, etc. Si se trata de la izquierda occidental, de los movimientos sociales o las organizaciones de defensa de los derechos humanos, habría que hacerles la misma pregunta que hizo Stalin al referirse al Vaticano: «¿Con cuántas divisiones cuentan ustedes?» Efectivamente, todos los conflictos en los que se supone que «nosotros» debemos intervenir son conflictos armados. Intervenir significa entonces intervenir militarmente. Y para intervenir militarmente, hay que disponer de medios militares.

Medios que, evidentemente, la izquierda europea no tiene a su disposición. Podría recurrir cuando más a los ejércitos europeos, en vez de recurrir a las fuerzas armadas de Estados Unidos. Pero los ejércitos europeos nunca intervienen sin un apoyo masivo de Estados Unidos, lo cual implica que el verdadero mensaje de la izquierda anti-antiguerra es el siguiente: «Señores americanos, ¡hagan la guerra, no el amor!» Peor aún, dado que después de su debacle en Afganistán e Irak los estadounidenses no van a arriesgarse a mandar fuerzas terrestres, lo que se le pide a la US Air Force, y únicamente a ella, es que bombardee a los países violadores de los derechos humanos.

Se puede argumentar, por supuesto, que el porvenir de los derechos humanos debe ponerse en manos del gobierno de Estados Unidos y depender de su buena voluntad, de sus bombarderos y de sus drones. Pero lo importante es entender que ese es el verdadero significado de los llamados a la «solidaridad» y las exhortaciones de «apoyo» a los movimientos secesionistas o rebeldes implicados en las luchas armadas. Esos movimientos, en efecto, no tienen ninguna necesidad de eslóganes coreados en «manifestaciones de solidaridad» en Bruselas o en París y no es eso lo que piden. Lo que quieren es armamento pesado y bombardeos contra sus enemigos y eso sólo puede proporcionarlo Estados Unidos.

Si fuese honesta, la izquierda anti-antiguerra tendría que asumir esa opción y llamar abiertamente a Estados Unidos a bombardear allí donde se violen los derechos humanos. Pero tendría que asumir esa opción hasta sus últimas consecuencias. O sea, reconocer que la clase política y militar que supuestamente debe salvar a los pueblos «victimas de sus tiranos» es precisamente la misma que desató la guerra contra Vietnam, que impuso el embargo y las guerras contra Irak, la misma que impone sanciones arbitrarias contra Cuba, contra Irán y contra todos los países que le desagradan mientras que sostiene a toda costa a Israel, la misma que se opone por todos los medios –incluyendo los golpes de Estado– a todos los reformadores surgidos en América Latina –desde Arbenz hasta Chávez, pasando por Allende, Goulart y tantos otros– y que explota desvergonzadamente los recursos y trabajadores en todas partes del mundo. Hace falta una enorme cantidad de buena voluntad para ver en esa clase política y militar el instrumento de la salvación de las «víctimas». Sin embargo, eso es, en la práctica, lo que predica la izquierda anti-antiguerra ya que, debido a la correlación mundial de fuerzas, no existe ninguna otra instancia capaz de imponer su voluntad por medios militares.

Por supuesto, el gobierno de Estados Unidos apenas sabe de la existencia la izquierda anti-antiguerra. Cuando Washington decide si se mete o no en una guerra lo hace únicamente en función de sus propias posibilidades de éxito, de sus propios intereses, de la oposición interna y externa a la guerra, etc. Y cuando desencadena una guerra, Washington quiere ganarla cueste lo que cueste. Así que no tiene ningún sentido pedirle a Washington que solamente emprenda intervenciones buenas, únicamente contra los malos de verdad y con medios amables que garanticen las vidas de civiles e inocentes.

Quienes llamaron a la OTAN a «mantener los progresos de las mujeres afganas», como hizo Amnesty International USA en la reunión de la OTAN en Chicago [3], de hecho están llamando a Estados Unidos a intervenir militarmente y, entre otras cosas, a bombardear a los civiles afganos y a enviar drones a violar el espacio aéreo de Pakistán. Y no tiene ningún sentido pedir a Estados Unidos que proteja y que no bombardee, porque eso va en contra del modo de funcionamiento de los ejércitos.

Uno de los temas favoritos de la izquierda anti-antiguerra es llamar a quienes se oponen a las guerras a no «apoyar a los tiranos», en todo caso a no apoyar al tirano del país atacado. El problema es que toda guerra exige un masivo esfuerzo de propaganda, y que esta última se basa en la demonización del enemigo, sobre todo de su dirigente. Para oponerse eficazmente a esa propaganda, no se puede hacer otra cosa que denunciar las mentiras de la propaganda, contextualizar los crímenes del enemigo y compararlos a los de nuestro propio bando. Tarea necesaria pero ingrata y arriesgada para quien la realiza ya que el menor error le valdrá eternos reproches, mientras que las mentiras de la propaganda de guerra siempre se olvidan al término de las operaciones.

Ya en tiempos de la Primera Guerra Mundial, Bertrand Russel y los pacifistas británicos eran acusados de «apoyar al enemigo», sin tener en cuenta que si se dedicaban a desmontar la propaganda de los Aliados no era porque les gustara el Káiser si no porque defendían la paz. La izquierda anti-antiguerra adora denunciar «el doble rasero» de los pacifistas coherentes que denuncian los crímenes de su propio bando pero que contextualizan o refutan los crímenes atribuidos al enemigo del momento (Milosevic, Kadhafi, Assad, etc.). Pero ese «doble rasero» no es otra cosa que el resultado de una opción deliberada y legítima: la de luchar contra la propaganda de guerra allí donde nos encontramos, o sea en Occidente, propaganda que a su vez se basa en una demonización constante del enemigo atacado y en la idealización de quienes lo atacan.

La izquierda anti-antiguerra no goza de la menor influencia sobre la política estadounidense, lo cual no quiere decir que carezca de efectos. Por un lado, su retórica insidiosa ha permitido neutralizar todo movimiento pacifista o antiguerra, pero también ha hecho imposible toda posición independiente de parte de un país europeo, como la de la Francia de De Gaulle, o al menos como la de la Francia de Jacques Chirac o la Suecia de Olof Palme. Hoy en día ese tipo de posición se vería inmediatamente bajo el fuego de la izquierda anti-antiguerra, que dispone de una resonancia mediática considerable y que tildaría esa actitud de «apoyo al tirano», de política digna de la época del Pacto de Múnich y de «crimen de indiferencia».

Lo que ha logrado la izquierda anti-antiguerra es destruir la soberanía de los europeos ante Estados Unidos y liquidar toda posición de izquierda independiente ante las guerras y el imperialismo. También ha llevado a la mayoría de la izquierda europea a adoptar posiciones que contradicen por completo las de la izquierda latinoamericana y a erigirse en adversaria de países que, como China y Rusia, están tratando –de forma totalmente justificada– de defender el derecho internacional.

Una extraña característica de la izquierda anti-antiguerra es que siempre es ella la primera en denunciar las revoluciones del pasado como acontecimientos que condujeron al totalitarismo (Stalin, Mao, Pol Pot, etc.) y que constantemente nos advierte contra la repetición de los «errores» cometidos por la izquierda de aquellos tiempos al respaldar a los dictadores. Sin embargo, ahora que la revolución es cosa de los islamistas se supone que tenemos que aplaudir y creer que todo va a ir bien. ¿Y si la «enseñanza que tenemos que sacar del pasado» fuese más bien que las revoluciones violentas, la militarización y la injerencia extranjera no eran la única ni la mejor manera de realizar cambios sociales?

En vez de reclamar intervenciones,
exijamos el estricto respeto del derecho internacional

A veces se nos responde que hay actuar «con urgencia» (para salvar a las víctimas). Aún admitiendo ese punto de vista, lo cierto es que después de cada crisis la izquierda no ha emprendido ninguna reflexión sobre cómo llegar a una política diferente, que no consista en el respaldo a la intervención militar. Una política de ese tipo exigiría un viraje de 180 grados en relación con la política que predica la izquierda anti-antiguerra. En vez de reclamar más intervenciones, tendríamos que exigir a nuestros gobiernos el estricto respeto del derecho internacional, de la no injerencia en los asuntos internos de los Estados y la sustitución de la confrontación por la cooperación. La no injerencia es mucho más que la simple no intervención en el plano militar. Incluye también la no injerencia en el plano diplomático y en el plano económico: cero sanciones unilaterales, cero amenazas durante las negociaciones y aplicación estricta del principio de igualdad de tratamiento para todos los Estados.

En vez de «denunciar» constantemente a los pérfidos dirigentes de países como Rusia, China, Irán o Cuba invocando los derechos humanos –como le encanta hacer a la izquierda anti-antiguerra– más bien tendríamos que oírlos, dialogar con ellos y poner sus puntos de vista políticos al alcance de la comprensión de nuestros conciudadanos.

Por supuesto, esa política no resolvería los problemas de los derechos humanos en Siria ni en Libia ni en ninguna parte. Pero, ¿acaso se han resuelto hasta ahora? La política de injerencia está agravando las tensiones y la militarización mundial. Los países que se sienten amenazados por esa política, que son muchos, tratan de defenderse como pueden. Las campañas de demonización impiden las relaciones pacíficas entre los Estados, así como los intercambios culturales entre sus ciudadanos y también, de forma indirecta, el desarrollo de las ideas liberales que los partidarios de la injerencia dicen querer promover. A partir del momento en que la izquierda anti-antiguerra renunció a toda política alternativa a esa política, de hecho renunció a ejercer cualquier influencia sobre los problemas del mundo. Contrariamente a lo que afirma, no es cierto que con eso esté «ayudando a las víctimas». En realidad, no hace más que destruir aquí toda resistencia al imperialismo abriendo así el camino a los únicos que realmente actúan, que son a fin de cuentas los gobiernos estadounidenses. Confiarles el bienestar de los pueblos es una actitud absolutamente desesperada.

Esa actitud es un aspecto de la reacción de la mayoría de la izquierda ante la «caída del comunismo», y esa reacción consiste en apoyar precisamente lo contrario de las políticas que siguieron los comunistas, sobre todo en materia de cuestiones internacionales, en las que toda oposición al imperialismo y toda forma de defensa de la soberanía internacional es considerada por la izquierda como una forma de arqueo-stalinismo.

La política de injerencia es una política de derecha, al igual por cierto que la construcción de la Unión Europea, otro importante ataque contra la soberanía nacional. La primera respalda los intentos hegemónicos de Estados Unidos. La segunda apoya el neoliberalismo y la destrucción de los derechos sociales. Ambas se justifican en gran parte con discursos «de izquierda» que invocan los derechos humanos, el internacionalismo, el antirracismo y el antinacionalismo. En ambos casos, una izquierda desorientada por la desaparición del comunismo se ha refugiado en un discurso «humanitario» y «generoso», totalmente carente de análisis realista de la correlación mundial de fuerzas. Con esa izquierda, la derecha prácticamente no necesita ideología, le basta con invocar los derechos humanos.

Sin embargo, esas dos políticas –la injerencia y la construcción europea– están hoy en un callejón sin salida: el imperialismo estadounidense enfrenta enormes dificultades, tanto en el plano económico como en el diplomático, y la política de injerencia encuentra la oposición de una gran parte del mundo. Ya casi nadie cree en otra Europa, en una Europa social, y la Europa que realmente existe, neoliberal (porque es la única posible), no entusiasma a los trabajadores.

Por supuesto, esos fracasos benefician a la derecha y a la extrema derecha, pero es únicamente porque la mayor parte de la izquierda ha creído que el camino hacia la democracia pasa por el abandono de la defensa de la paz, del derecho internacional y de la soberanía nacional.

Fuente: www.michelcollon.info

[1] A propósito de esa organización, ver “Colonialiste d’«extrême gauche»?“, de Ahmed Halfaoui,

[2] Por ejemplo, en febrero de 2011, en un volante distribuido en Toulouse (Francia) el tema de Libia y las amenazas de «genocidio» atribuidas a Kadhafi se abordaba en los siguientes términos: «¿Dónde está Europa? ¿Dónde está Francia? ¿Dónde está América [Estados Unidos]? ¿Dónde están las ONGs?» y «¿Es más importante el valor del petróleo y del uranio que el pueblo libio?» O sea, los autores del volante, firmado entre otras organizaciones por Alternativa Libertaria, Europa Ecología-Los Verdes, Izquierda Unitaria, Liga de Derechos Humanos, Lucha Obrera, Movimiento por la Paz (Comité 31), MRAP, NPA31, OCML-Vía Proletaria Toulouse, la organización local del Partido Comunista Francés, el Partido Comunista Tunecino, Partido de Izquierda 31, acusaban a los occidentales de no intervenir por razones de interés económico. ¿Qué habrán pensado los autores de ese volante cuando el Consejo Nacional de Transición libio prometió vender a Francia el 35% del petróleo libio? Independientemente de que se haya respetado o no esa promesa o de que el petróleo haya sido o no la verdadera causa de la guerra contra Libia.

[3] Ver, por ejemplo, Why I Had to Challenge Amnesty International-USA’s Claim That NATO’s Presence Benefits Afghan Women, de Jodie Evans.

Fuente: Red Voltaire

 

Esclavo a los cinco años

El Parlamento de India está a punto de cerrar el año sin aprobar la ley contra el trabajo infantil más ambiciosa de toda su historia. Lo peor del caso es que la ley tiene el respaldo de la mayoría de los parlamentarios, pero ha estado congelada durante semanas porque según ellos “no es prioritaria”.

India es el centro neurálgico mundial del trabajo infantil. Niños de tan solo cinco años son vendidos a los traficantes y luego forzados a trabajar como esclavos, sujetos a multiples abusos y maltratos físicos. Esta histórica ley prohibiría cualquier forma de trabajo infantil para menores de catorce años y ofrecería ayudas para que las familias más pobres pudiesen mantener a sus hijos en la escuela. Pero los parlamentarios han dejado que esta ley se les escurra de la agenda, mientras los grupos defensores de los derechos de los niños de India dicen que necesitan nuestra ayuda para aumentar la presión pública ahora.

Si desde la comunidad de Avaaz nos unimos, podremos crear una ola de atención sobre este proyecto de ley y presionar a los legisladores para que la aprueben.Firma esta urgente petición y reenvíala a todo el mundo. Cuando seamos un millón, entregaremos nuestro mensaje al Parlamento junto con niños que en su día vivieron estas terribles experiencias:

http://www.avaaz.org/es/india_child_labour_g1/?bIdTedb&v=20399

Es aterrador: 215 millones de niños y niñas trabajan en minas, canteras y fábricas por todo el mundo. Todos los países han firmado un acuerdo para erradicar el trabajo infantil como eje central de sus políticas nacionales de educación. Sin embargo, India es el país con una mayor mano de obra infantil del planeta. Si el proyecto de ley se aprueba, prohibiría el trabajo infantil para menores de 14 años y todo trabajo peligroso para menores de 18. Esta iniciativa además incluye soluciones para que la ley no afecte a las familias más pobres, asegurando el derecho a la educación gratuita y proponiendo becas para compensar las pérdidas económicas de estas familias.

Los críticos de la ley dicen que el problema real no son las leyes, sino su falta de aplicación. Y es cierto que en los últimos tres años solo el 10% de 450.000 denuncias contra el trabajo infantil fueron tramitadas bajo la débil legislación actual.Pero la nueva ley vendría a apretar las tuercas del problema. La Policía ya no estaría supeditada a la orden de un juez para poder actuar. Cualquier forma de explotación comercial del trabajo de menores de 14 años sería penalizada, y en vez de sancionarlos con multas o con cortas condenas carcelarias, los culpables se enfrentarían a duras penas.

A pesar de que la mayoría de los parlamentarios indios dicen que apoyan la ley, no sienten que haya una urgencia política para someterla a votación. Pero con cada día que pasa, más niñas y niños son forzados a una vida miserable dentro de inhumanos talleres y fábricas. Está en nuestras manos darles ese impulso que necesitan para actuar. Firma la petición para los legisladores de India ahora, y compártela con todos tus conocidos:

http://www.avaaz.org/es/india_child_labour_g1/?bIdTedb&v=20399

Una y otra vez, la comunidad de Avaaz ha impulsado diferentes campañas para proteger a los niños y a los grupos más vulnerables. Hace unas pocas semanas, nos unimos en una petición de 1.2 millones de personas y ayudamos a pasar el plan de educación infantil más exhaustivo de Paquistán. La manera en la que tratamos a nuestros niños y niñas es como un termómetro de nuestros principios éticos. Ha llegado la hora de tomar acciones firmes para detener estos abusos. Unámonos en defensa del futuro de los niños que sufren en India.

Con esperanza y determinación,

Jamie, Alice, Alex, Alaphia, Lisa, Jeremy, Ricken, Dalia, Rewan, Michelle y todo el equipo de Avaaz

Más Información:

La India propone la prohibición del empleo de niños menores de 14 años de edad (OIT):
http://www.ilo.org/ipec/WCMS_189568/lang–es/index.htm 

“Preparándonos para la nueva legislación contra el trabajo infantil — en inglés (The Hindu)
http://www.thehindu.com/opinion/op-ed/article3878212.ece

Niños esclavos: 400 millones de niños sin infancia (Público):
http://www.canalsolidario.org/noticia/ninos-esclavos-400-millones-de-ninos-sin-infancia/29133

Trabajo esclavo en la India: empresas españolas en la ‘lista negra’ (El Confidencial):
http://www.elconfidencial.com/espana/2012/03/23/trabajo-esclavo-en-la-india-tres-empresas-espanolas-estan-incluidas-en-la-lista-negra-94749//

La ley contra el trabajo infantil más dura de la historia de la India está atrancada… ¡porque los políticos dicen que no es su “prioridad”! Pero la mayoría de los parlamentarios la apoyan y solonecesitan un enorme empujón ciudadano para aprobarla ahora. Alcemos nuestras voces por los niños de India. Firma ahora:

Firma la petición
 
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La policia denuncia al gobierno!:”¿Ministro, esta usted buscando que haya muertos?”