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No es Obama, es Estados Unidos

15 Sep

Paco Gómez Nadal
Otramérica

Obama no ha debido leer Las Venas Abiertas de América Latina, de Eduardo Galeano. Se lo regaló Hugo Chávez en 2009.

A menos de dos meses de las elecciones presidenciales en Estados Unidos vuelve el eterno cuestionamiento sobre las relaciones de Washington con América Latina y El Caribe.

Barack Obama insiste en que el Sur le importa, la realidad habla de una relaciones viciadas y mediadas por las armas y el comercio.

La historia se repite. Estados Unidos (EEUU), con unos 50 millones de latinos viviendo en su territorio, se cuestiona cuál es su relación con América Latina y El Caribe. Aunque parezca que todo ha cambiado, algunos elementos se mantienen.

En las últimas horas, Barack Obama, presiente y candidato a la reelección ha hablado del tema. “No solo no la hemos descuidado [la relación], sino que hemos sido muy enérgicos a la hora de tratar de ampliarla”. Palabras que suenan vacías después de aquel prometedor inicio en la Cumbre de las Américas de 2009, enTrinidad y Tobago,cuando el recién llegado primer presidente afrodescendiente del imperio decía tener “mucho que aprender” de Latinoamérica.

La mayoría de analistas consideran que desde entonces todo han sido decepciones y que en la Cumbre de Cartagena de Indias (Colombia) en 2012, el Obama que se sentó a la mesa era otro pero, lo más importante, los países del Sur, también habían cambiado.

 

Comercio y militares

En Cartagena, Obama volvió a recuperar el discurso tradicional de su país.  “Se calcula que el comercio a través del hemisferio es solo la mitad de lo que podría ser. Tenemos que hacerlo mejor. Con cerca de mil millones de ciudadanos, mil millones de consumidores, entre nosotros, es mucho lo que podemos hacer”, aseguraba ante unos jefes de Estado de América Latina que, desde la cumbre anterior, habían dado pasos de gigante en un modelo de integración regional que ya no cuenta con EEUU.

Los avances en Unasur, el ingreso de Venezuela a Mercosur o la creación de la CELAC (Comunidad de Estados Latinoamericanos y Caribeños) han disminuido el poder real político de Estados Unidos en la región, aunque no tanto como se pregona.

Los intereses de Estados Unidos van más allá de Obama y siguen centrándose en el comercio y en la militarización, dos partes inseparables de una mancuerna de dominación económica. La política sólo juega el papel de decorado para permitir que esas dos líneas estratégicas avancen. La estrategia de Defensa de Unasur y el galopante crecimiento de la presencia económica China en la región (ya es el principal socio comercial de Brasil y de Argentina) amenazan la hasta ahora posición hegemónica de EEUU.

Claro que aún está lejos de arrebatar ese lugar a EEUU. El informe sobre la economía de América Latina y El Caribe en 2011 de la CEPAL da un dato contundente: el 41.5% de las exportaciones latinoamericanas siguen teniendo como destino Estados Unidos y sólo un 9% van a China y Japón. Es evidente que los países del Cono Sur y Brasil tiene una menor dependencia (apenas exportan al Norte entre el 7% de Argentina o el 12.5% de Brasil), mientras que México (con el 80% de sus exportaciones comprometidas con Estados Unidos), Centroamérica (entre el 40 y el 50%), República Dominicana (60%) y Colombia (39%) están condicionadas inevitablemente a las decisiones de Washington.

Tampoco es menor la apuesta subimperial de Brasil que con Lula da Silva volteó la vista a Latinoamérica y ha logrado en muy pocos años ser un actor clave tanto económico como político. El poderío brasileño, aunque levante temores, es recibido mejor en la región que el clásico imperialismo latinoamericano.

¿Presencia o influencia?

Sin embargo, y a pesar de que la presencia estadounidense sigue siendo más que significativa, una de las reflexiones pendientes es sobre la conversión de ese peso económico en peso político específico, en influencia.

“El papel de Estados Unidos en Latinoamérica ha disminuido. Y diría que es muy improbable que vuelva a ganar el tipo de influencia sobre la región que alguna vez tuvo“, explica Margaret Myers, directora del programa de China y Latinoamérica en el centro de estudios Inter-American Dialogue, a Democracy Now.

Amy Goodman reseña como Obama no sólo no ha reforzado sino que ha recortado su presencia en el Sur. El presidente de EEUU “pidió al Congreso recortar la asistencia total hacia el hemisferio en un 9 por ciento para el año fiscal 2013 -que empieza el próximo 1 de octubre- a 1.652 millones de dólares (1.261 millones de euros), según cifras divulgadas por el Departamento de Estado”. En el caso del programa de “lucha contra el terrorismo”, los fondos han bajado un 35% y en el programa de lucha contra el narcotráfico la rebaja alcanza el 16%.

En el mismo reportaje, Goodman cuenta como Greg Grandin, catedrático de Historia Latinoamericana de la Universidad de Nueva York, le dijo: “Los propios latinoamericanos están creado organismos que excluyen a Estados Unidos, que profundizan la integración política y económica entre ellos. Parece ser un lugar donde se reúnen para criticar las políticas de Washington con bastante eficacia”.

Grandin coincide en que “los dos principales pilares de la política exterior estadounidense (profundizar el neoliberalismo y aumentar la militarización con respecto a las drogas) continúan en pie, se retroalimentan y han generado una gran crisis en el corredor que va desde Colombia, pasa por América Central y llega hasta México. Esta política ha sido un desastre total y no ha habido cambios”.

Profundizar en el desastre

En la entrevista concedida en las últimas horas por Obama, él mismo reconoce que las alianzas se han establecido “en temas de seguridad, y en temas energéticos”. Nada más. Y nada menos.

La última estrategia de Washington está enmarcada dentro del plan de la Administración  Obama para desviar la atención de su política internacional –siempre ligada a la economía- de Oriente Medio al eje del Pacífico. La Iniciativa Mérida y el eje del Pacífico han permitido reunir a los principales socios de EEUU en el hemisferio (México, Panamá, Colombia y Chile) e inyectar fondos a la militarización regional. La excusa del narcotráfico sigue funcionando para esta (re) militarización: primero con el violento Plan Colombia y después con la Iniciativa Mérida (que tiene su paralelo económico en el Proyecto Mesoamérica, antes: Plan Puebla Panamá-Colombia).

Esa es la reacción ante la rebelde actitud de los gobiernos de Bolivia, Ecuador o Venezuela. La única diferencia es que las preocupaciones del Gobierno Obama en Oriente Medio han hecho que la suya haya sido una presencia de bajo perfil pero de alto impacto. Los golpes de Estado de Honduras o Paraguay, en los que Washington tuvo claras implicaciones, o el plan neocolonialista en Haití, aprovechando el terrible terremoto de 2010, son ejemplos de que nada ha cambiado en la actitud de Estados Unidos respecto a Latinoamérica y El Caribe.

Es una política de Estado que Obama no ha modificado. Tan sólo se ha atrevido a relajar levemente la relación con Cuba, aunque sin dar ningún paso definitivo (solo moderó las prohibiciones sobre remesas y viajes de familiares de cubano-americanos, autorizó nuevas inversiones de EE.UU. en telecomunicaciones y permitió el diálogo renovado en la migración, como reseña Infolatam).

A principios de septiembre de 2012, el expresidente demócrata estadounidense Jimmy Carter lamentó que ni el presidente Barack Obama ni su rival republicano, Mitt Romney, consideren a América Latina como “una de las prioridades” de Washington para los próximos cuatro años. “Mi predicción es que no elevarán (ni Obama ni Romney) a América Latina como una de las prioridades en los próximos cuatro años. (…) Estoy consternado de que EE.UU. mantenga el embargo con Cuba y el pueblo cubano. Por supuesto que debemos presionar al Gobierno de La Habana para que respete los derechos humanos, pero el embargo socava cualquier credibilidad de mi país”.

De hecho, en el programa de Romney sólo aparece Latinoamérica al referirse a la “amenaza venezolana”, un estado que califica de “narcoterrorista”. Literalmente. Obama, más preocupado de los votos latinos el próximo 6 de noviembre, insiste en renovar su vieja –e incumplida- promesa de la reforma migratoria.

En política exterior, sólo se profundizará el desastre. Las declaraciones del propio Obama o de sus asesores apuntan hacia la “seguridad” como principal aspecto de su gestión en Latinoamérica y la renovación del “compromiso en la guerra contra el narco” en México. Más de lo mismo. Siempre a peor.

Los ejes

Diana Marcela Rojas, internacionalista y codirectora del Centro de Estudios Estadounidenses CEE-Colombia, explicaba en un análisis previo a la Cumbre de las Américas de 2012 que hay “cuatro grandes temáticas que se constituyen en asuntos centrales de la agenda internacional estadounidense y, a la vez, en métodos para realizar los intereses de la hiperpotencia”. Éstas son: el control de los recursos energéticos planetarios, particularmente los fósiles (la furia extractivista en la región no es casual); la creación de un bloque comercial sólido en el hemisferio (labor de promoción de las multinacionales estadounidenses y freno del expansionismo chino);desarrollar una capacidad militar sin competencia (parte de su política global imperial), y el control migratorio (lo que conecta con la política interna estadounidense).

Lo único que frena la política estadounidense en Latinoamérica y El Caribe es la revuelta política nacionalista y antiimperialista que se ha producido desde 1998 en la región. Hay muchos matices, pero lo cierto es que “América Latina es ahora más independiente de Estados Unidos de lo que lo es Europa, y su independencia sigue creciendo. Hay razones estructurales para estos cambios, entre ellas el fracaso del neoliberalismo. Tal vez lo más importante es que la gente de la región ha votado a favor de los gobiernos de izquierda porque ya pueden. En el pasado, Estados Unidos no permitía la toma pacífica de esas decisiones”. Así lo explicaba al diario Gramma Mark Weisbrot, codirector del Centro de Investigación en Economía y Política (CEPR) en Washington D.C..

Por tanto, quizá esté equivocada la pregunta que se hacen muchos periodistas y analistas -¿Cuál será el papel de Estados Unidos en la región? De hecho, Joseph Tulchin, profesor en el Centro para Estudios Latinoamericanos de la Universidad de Harvard, cree que “la cuestión no es si EE.UU. ha perdido influencia. Es que algunos países en América Latina han ganado protagonismo en el mundo y no quieren seguir la relación histórica de debilidad y vulnerabilidad frente a la hegemonía de Washington”.

Votarán en Estados Unidos… y veremos.

Fuente: Sleepwalkings

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