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Archivos diarios: junio 7, 2012

10 MENTIRAS, 10 GUERRAS

Michel Collom

Todas las guerras van precedidas y «justificadas» por una gran mentira mediática. ¡El siguiente inventario está muy lejos de ser completo!

Para impedir las guerras es imprescindible destapar estas mentiras mediáticas cuanto antes y de la forma más amplia posible. ¡En la guerra de la información la verdadera fuerza es nuestra!

1. Vietnam (1964-1975):

-Mentira mediática: El 2 y el 3 de agosto Vietnam del Norte atacó a dos barcos estadounidenses en la bahía del Tonkin.

-Lo que supimos después: El ataque nunca existió. Fue una invención de la Casa Blanca.

-Objetivo real: Impedir la independencia de Vietnam y mantener la dominación estadounidense sobre la región.

-Consecuencias: Millones de víctimas, malformaciones genéticas (agente naranja), enormes problemas sociales.

2. Granada (1983):

-Mentira mediática: Se acusa a la pequeña isla del Caribe de construir una base militar soviética y poner en peligro la vida de médicos estadounidenses.

-Lo que supimos después: Totalmente falso. El presidente Reagan fabricó el pretexto de cabo a rabo.

-Objetivo real: Impedir las reformas sociales y democráticas del Primer Ministro Bishop (que fue asesinado).

-Consecuencias: Represión brutal y restablecimiento de la influencia de Washington.

3. Panamá (1989):

-Mentira mediática: La invasión tenía por objeto detener al presidente Noriega por tráfico de drogas.

-Lo que supimos después: Noriega era un producto de la CIA y reclamaba la soberanía del canal cuando acabase la concesión a USA. Intolerable para Estados Unidos.

-Objetivo real: Mantener el control estadounidense en esta vía de comunicación estratégica.

-Consecuencias: Los bombardeos estadounidenses mataron entre 2.000 y 4.000 civiles, ignorados por los medios de comunicación.

4. Iraq (1991):

-Mentira mediática: Los Iraquíes habían robado las incubadoras de la maternidad de Kuwait City.

-Lo que supimos después: Invención total de una agencia publicitaria pagada por el emir de Kuwait, Hill & Knowlton.

-Objetivo real: Impedir que Oriente Próximo resista a Israel y consiga independizarse de EEUU.

-Consecuencias: Innumerables víctimas de la guerra y después un largo embargo incluso sobre los medicamentos.

5. Somalia (1993):

-Mentira mediática: Kouchner «sale a escena» como héroe de una intervención humanitaria.

-Lo que supimos después: Cuatro sociedades estadounidenses habían comprado la cuarta parte del subsuelo somalí, rico en petróleo.

-Objetivo real: Controlar una región militarmente estratégica.

-Consecuencias: Al no conseguir controlarla, Estados Unidos mantendrá la región sumida en un caos interminable.

6. Bosnia (1992 – 1995):

-Mentira mediática: La empresa estadounidense Ruder Finn y Bernard Kouchner ponen en escena supuestos campos serbios de exterminio.

-Lo que supimos después: Ruder Finn y Kouchner mentían. Eran campos de prisioneros para intercambios. El presidente musulmán Izetbegovic lo reconoció.

-Objetivo real: Romper Yugoslavia, demasiado a la izquierda, eliminar su sistema social, someter la zona a las multinacionales, y controlar el Danubio y las rutas estratégicas de los Balcanes.

-Consecuencias: Cuatro años de una guerra atroz para todas las nacionalidades (musulmanes, serbios, croatas), provocada por Berlín y prolongada por Washington.

7. Yugoslavia (1999):

-Mentira mediática: Los serbios cometen un genocidio sobre los albaneses de Kosovo.

-Lo que supimos después: Invención pura y simple de la OTAN, como reconoció Jamie Shea, su portavoz oficial.

-Objetivo real: Imponer la dominación de la OTAN sobre los Balcanes, y su transformación en policía del mundo. Instalación de una base militar estadounidense en Kosovo.

-Consecuencias: Dos mil víctimas de los bombardeos de la OTAN. Limpieza étnica de Kosovo por la UCK, protegida de la OTAN.

8. Afganistán (2001):

-Mentira mediática: Bush pretende vengar el 11-S y capturar a Bin Laden.

-Lo que supimos después: No hay ninguna prueba de que exista la red (Al Qaeda, N. de T.) y si existe es estadounidense. En cualquier caso, los talibanes habían propuesto extraditar a Bin Laden.

-Objetivo real: Controlar militarmente el centro estratégico de Asia, construir un oleoducto que permitiera controlar el suministro energético del sur de Asia.

-Consecuencias: Una larga ocupación y un gran incremento de la producción y el tráfico de opio.

9. Iraq (2003):

-Mentira mediática: Sadam poseía peligrosas armas de destrucción masiva, afirmó Colin Powell a la ONU, probeta en mano.

-Lo que supimos después: La Casa Blanca ordenó a sus servicios que falsificaran o fabricaran las pruebas (asunto Libby).

-Objetivo real: Controlar todo el petróleo y chantajear a sus rivales: Europa, Japón, China… Objetivo oculto ( Nota de Todo Esta Relacionado): Saqueo y robo de museos y cuevas con el fin de ocultar nuestro pasado mas remoto)

-Consecuencias: Iraq hundido en la crueldad, las mujeres relegadas a la sumisión y el oscurantismo.

10. Venezuela – Ecuador (¿2008?):

-Mentira mediática: Chávez apoya el terrorismo, importa armas, es un dictador (el pretexto definitivo parece que todavía no se ha elegido).

-Lo que ya sabemos: Ya se han vertido varias mentiras mediáticas: “Chávez dispara contra su pueblo”, “Chávez es antisemita”, “Chávez es militarista…” Y la satanización continúa.

-Objetivo real: Las multinacionales estadounidenses quieren el control del petróleo y los demás recursos de toda América Latina. Tienen miedo de la liberación social y democrática del continente.

-Consecuencias: Washington está librando una guerra global contra el continente: golpes de Estado, sabotajes económicos, chantajes, establecimiento de bases militares cerca de las riquezas naturales.

Gracias por la labor desarrollada durante estos años a Antimperialista antes de su extraño cierre

Fuente: solo quien no da la espalda a la verdad puede encontrarla

 

La policía antidisturbios denuncia la excesiva musculatura de los mineros……

Es el doble que la de los estudiantes, aseguran…… (Parece que estos romanos hallan encontrado a Obelix y compañia).

Pero no nos perdamos, esto es una guerra de pobres contra pobres y en este caso el resultado es: esclavos trabajadores mineros 1, esclavos trabajadores para el “orden”  uniformados 0.

El jefe del cuerpo antidisturbios de la policía nacional ha presentado una denuncia ante el Juzgado de guardia de Oviedo por los extraordinarios bíceps que poseen la mayoría de los mineros que están participando en las huelgas y las revueltas de las últimas semanas en Asturias. “Hay mineros”, afirma el jefe de policía, “que pueden arrancarte el casco de una hostia”.

A pesar de los sofisticados equipos de protección personal de las unidades antidisturbios, los agentes aseguran que están notando una tremenda diferencia con las cargas que realizaban contra los estudiantes y los chavales del 15-M. “En lo del 15-M eran nenes con gafas y tías buenas, y solo con desenfundar la porra ya les sangraba la nariz”, asegura uno de los agentes afectados por el empujón de un minero. “Parecía que me había atropellado un camión cargado de vigas de hormigón, con remolque y todo”, añade.

Otro de los portavoces de la policía se queja de que no es sólo la fuerza que desarrollan esos hombres sino la rabia que contienen y su facilidad para levantar barricadas en llamas en un santiamén y cortar carreteras con troncos de árbol que necesitarían más de mil estudiantes para ser levantados, y que ellos transportan entre seis mientras “reniegan de Dios y su p. madre”.

El jefe superior de policía se reunirá esta misma semana con el ministro del Interior para transmitirle su inquietud y pedirle la adopción de algunas medidas urgentes que garanticen un mínimo equilibrio de fuerzas entre los manifestantes y los agentes. Al parecer, una de las peticiones que podría ser atendida inmediatamente, a pesar de su complejidad, consistiría en la realización de un casting previo a las revueltas, en el cual la delegación del Gobierno seleccionaría a los mineros aptos para enfrentarse a los policías, y cuya “potencia de hostia” no debería de sobrepasar los setecientos julios. También los mineros más rápidos y que vayan armados con barras de hierro tendrían un cupo limitado, de manera que por cada cien mineros de bíceps normales habrían sólo dos de piernas poderosas y provistos de una barra de metal que no excedería de ochenta centímetros de largo. La posibilidad de que los mineros sean desbravados por picadores profesionales de toros ha sido absolutamente descartada por el ministro del Interior, pues solo la construcción de corrales y burladeros supondría un coste imposible de asumir en estos momentos.

Fuente: Cazadebunkers

 

Discurso y posterior reflexión de Gervasio Sánchez

Discurso pronunciado por Gervasio Sánchez (periodista y fotógrafo) durante la entrega de los premios Ortega y Gasset el 7 de mayo.

En el acto estaban presentes la Vicepresidenta del Gobierno, varias ministras y ministros, exministros del Partido Popular, la Presidenta de la Comunidad de Madrid, el Alcalde de Madrid, el Presidente del Senado y centenares de personas.

Estimados miembros del jurado, señoras y señores:

Es para mí un gran honor recibir el Premio Ortega y Gasset de Fotografía convocado por El País, diario donde publiqué mis fotos iniciáticas de América Latina en la década de los ochenta y mis mejores trabajos realizados en diferentes conflictos del mundo durante la década de los noventa, muy especialmente las fotografías que tomé durante el cerco de Sarajevo. ….

Quiero dar las gracias a los responsables de Heraldo de Aragón, del Magazine de La Vanguardia y la Cadena Ser por respetar siempre mi trabajo como periodista y permitir que los protagonistas de mis historias, tantas veces seres humanos extraviados en los desaguaderos de la historia, tengan un espacio donde llorar y gritar.

No quiero olvidar a las organizaciones humanitarias Intermon Oxfam, Manos Unidas y Médicos Sin Fronteras, la compañía DKV SEGUROS y a mi editor Leopoldo Blume por apoyarme sin fisuras en los últimos doce años y permitir que el proyecto Vidas Minadas al que pertenece la fotografía premiada tenga vida propia y un largo recorrido que puede durar décadas.

Señoras y señores, aunque sólo tengo un hijo natural, Diego Sánchez, puedo decir que como Martín Luther King, el gran soñador afroamericano asesinado hace 40 años, también tengo otros cuatro hijos víctimas de las minas antipersonas: la mozambiqueña Sofia Elface Fumo, a la que ustedes han conocido junto a su hija Alia en la imagen premiada, que concentra todo el dolor de las víctimas, pero también la belleza de la vida y, sobre todo, la incansable lucha por la supervivencia y la dignidad de las víctimas, el camboyano Sokheurm Man, el bosnio Adis Smajic y la pequeña colombiana Mónica Paola Ojeda, que se quedó ciega tras ser víctima de una explosión a los ocho años.

Sí, son mis cuatro hijos adoptivos a los que he visto al borde de la muerte, he visto llorar, gritar de dolor, crecer, enamorarse, tener hijos, llegar a la universidad. Les aseguro que no hay nada más bello en el mundo que ver a una víctima de la guerra perseguir la felicidad.

Es verdad que la guerra funde nuestras mentes y nos roba los sueños, como se dice en la película Cuentos de la luna pálida de Kenji Mizoguchi.

Es verdad que las armas que circulan por los campos de batalla suelen fabricarse en países desarrollados como el nuestro, que fue un gran exportador de minas en el pasado y que hoy dedica muy poco esfuerzo a la ayuda a las víctimas de la minas y al desminado.

Es verdad que todos los gobiernos españoles desde el inicio de la transición encabezados por los presidentes Adolfo Suarez, Leopoldo Calvo Sotelo, Felipe González, José María Aznar y José Luis Rodríguez Zapatero permitieron y permiten las ventas de armas españolas a países con conflictos internos o guerras abiertas.

Es verdad que en la anterior legislatura se ha duplicado la venta de armas españolas al mismo tiempo que el presidente incidía en su mensaje contra la guerra y que hoy fabriquemos cuatro tipos distintos de bombas de racimo cuyo comportamiento en el terreno es similar al de las minas antipersonas.

Es verdad que me siento escandalizado cada vez que me topo con armas españolas en los olvidados campos de batalla del tercer mundo y que me avergüenzo de mis representantes políticos.

Pero como Martin Luther King me quiero negar a creer que el banco de la justicia está en quiebra, y como él, yo también tengo un sueño: que, por fin, un presidente de un gobierno español tenga las agallas suficientes para poner fin al silencioso mercadeo de armas que convierte a nuestro país, nos guste o no, en un exportador de la muerte.

Muchas gracias.

Artículo enviado por Jose a la lista: http://www.grups.pangea.org/mailman/listinfo/infomoc

Reflexión: Historia de un discurso

   El 7 de mayo de 2008 recibí el Premio Ortega y Gasset de Fotografía e hice un discurso de apenas cuatro minutos. Después de nombrar a varios compañeros y amigos de El País a los que respeto como profesionales recordé a Martin Luther King, asesinado cuarenta años antes, a varias víctimas de las minas antipersonas que había conocido cuando eran niños y reflexioné sobre la venta de armas a países en guerra autorizadas por nuestros gobernantes desde el primer gobierno de la transición en los años setenta.

Concluí con las siguientes palabras: “Yo también tengo un sueño: que, por fin, un presidente de un gobierno español tenga las agallas suficientes para poner fin al silencioso mercadeo de armas que convierte a nuestro país, nos guste o no, en un exportador de la muerte”.

Sofia Elface Fumo, mutilada de ambas piernas por una mina antipersona, duerme al lado de su hija Alia. Foto de Gervasio Sánchez premiada con el Ortega y Gasset de 2008

Sofia Elface Fumo, mutilada de ambas piernas por una mina antipersona, duerme al lado de su hija Alia. Foto de Gervasio Sánchez premiada con el Ortega y Gasset de 2008

El fin de mi discurso fue recibido por aplausos entusiastas y vítores y caras de circunstancias por gran parte de los ocupantes de los primeros bancos entre los que destacaba la vicepresidenta del gobierno, María Teresa Fernández de la Vega y media docena de ministras y ministros, la presidenta de la Comunidad de Madrid, Esperanza Aguirre, el alcalde de la capital, Alberto Ruiz Gallardón, el presidente del Senado, ex ministros del Partido Popular e, incluso, del Partido Socialista de la época de Felipe González. Al día siguiente era el funeral de Estado del ex presidente del gobierno español, Leopoldo Calvo Sotelo, al que también incluí en la lista.

Los elogios empezaron nada más concluir el acto. Juan Luis Cebrían, consejero delegado del grupo Prisa, que me había tratado con gran respeto desde que nos encontramos horas antes, me felicitó por el discurso. Fernando Savater, miembro del jurado, me dijo que no recordaba un texto tan corto y contundente. A una portavoz socialista le pedí que cambiara su felicitación por una llamada a la mañana siguiente al presidente del gobierno, José Luis Rodríguez Zapatero pidiéndole explicaciones. A un alto cargo de El País le recordé que el debate sobre el vergonzoso descontrol armamentístico de nuestro país era inexistente porque personas como él impedían su salida a la luz pública.

Muchas personas me pidieron que les mandase el texto leído y un par de días después hice un envío masivo. Los responsables de algunos portales de Internet, incluido el ya desaparecido soitu.com, me pidieron permiso para publicarlo.

Sokheurm Man, joven camboyano mutilado por un mina cuando era un niño de 13 años, junto a su mujer y su hijo                          Fotografía de Gervasio Sánchez

Sokheurm Man, joven camboyano mutilado por un mina cuando era un niño de 13 años, junto a su mujer y su hijo Fotografía de Gervasio Sánchez

Y me olvidé del tema hasta que el 1 de enero de 2009, muchos meses después, recibí un pdf de casi un mega y medio con mi discurso completo, varias fotografías capturadas en Internet en baja resolución (algunas pixeladas) con un epílogo preocupante: “Este fotógrafo probablemente no volverá a ver premiado ningún trabajo suyo en España”.

En un texto preliminar también se decía que el discurso había sido censurado por la prensa convencional. En el mismo correo un amigo me preguntaba si era cierto que yo había escrito el discurso. Le dije lo que luego he ido repitiendo por activa y pasiva durante el último año y medio: “Escribí ese texto (que se puede consultar en las múltiples entradas en Internet), lo leí pero no tengo nada que ver con el pdf.” Ni siquiera hoy sé quién lo hizo aunque reconozco que tengo curiosidad por saberlo para agradecerle que convirtiese mi discurso en un esteroide que ha dado la vuelta al mundo y aclararle que no fue censurado. Y de paso bendecirle por haberse equivocado: “he seguido recibiendo premios (demasiados, creo yo) durante el último año.

Dos años después de aquel día me gustaría explicar la historia del discurso que empezó a las pocas horas de recibir la noticia de que una imagen del proyecto Vidas Minadas publicada en Heraldo de Aragón y el Magazine de La Vanguardia había sido premiado mientras estaba cubriendo la guerra en Irak. Aquella noche recordé que la entrega de los premios Ortega y Gasset era una ceremonia muy vistosa con alta representatividad institucional. Y empecé a darle vueltas al texto.

Adis Smajic, joven bosnio mutilado por una mina cuando era un niño de 13 años, junto a su mujer Nadia                                                                                 Fotografía de Gervasio Sánchez

Adis Smajic, joven bosnio mutilado por una mina cuando era un niño de 13 años, junto a su mujer Nadia Fotografía de Gervasio Sánchez

Desde que la Asociación de la Prensa de Aragón me concediese en 1994 mi primer premio periodístico, siempre he aprovechado cualquier acto público o la inauguración de mis exposiciones para decir lo que pienso aunque fuese políticamente incorrecto. Creo que los periodistas tenemos que ser, como decía el viejo maestro Ryszard Kapucinski, “indeseables, inoportunos y certeros en nuestra impertinencia”.

Siempre. Independientemente de quien esté en el poder. Es intolerable que haya periodistas que investiguen las corruptelas de sus enemigos políticos y fenezcan ante las de sus amigos. Hay que utilizar la misma contundencia ante una trama mediática que afecta a un gran partido político o ante la injusticia cometida con un traductor iraquí (Flayeh al Mayali) al que los servicios secretos españoles golpean durante varios días, utilizan como chivo expiatorio y le cargan el San Benito de ser colaborador necesario en un acto terrorista que acaba con la vida de siete agentes en Irak (noviembre de 2003). Hay que custodiar la limpieza del sistema político todos los días. Hay que ser valientes todos los días. Lo contrario es hablar por hablar.

Mónica Paola Ojeda es una niña colombiana ciega por culpa de la explosión de una mina cuando tenía ocho años                                                                       Fotografía de Gervasio Sanchez

Mónica Paola Ojeda es una niña colombiana ciega por culpa de la explosión de una mina cuando tenía ocho años Fotografía de Gervasio Sanchez

El País se portó magistralmente con los premiados. Nos alojaron en el hotel Palace. Sus periodistas nos hicieron entrevistas muy corteses. Nos invitaron a comer en la sede del diario. Nos habían entregado un croquis con nuestra disposición en el salón de actos del Círculo. En él se podía leer los nombres de todas las personalidades. Me entristecí a no ver el del presidente del gobierno.

“Los premiados podrán dedicar un minuto a los agradecimientos”, se decía a modo de oración fúnebre. Minuto y agradecimiento formaron un tapón en la boca del estómago mareado por los excelentes caldos repartidos durante la comida. El cohíba lo guardé durante un año y se lo regalé a Manu Leguineche la noche de la entrega de 25º Premio Cirilo Rodriguez en Segovia en mayo de 2009.

Después de una visita a la redacción del diario (llevaba desde marzo de 2000 sin pisar aquel lugar) nos trasladaron al hotel para que nos preparásemos para la ceremonia final. En el camino les pregunté a los otros premiados si tenían preparados discursos. La periodista mexicana Sanjuana Martínez me dijo que sí y que lo iba a leer con total seguridad sin importarle si se pasaba del tiempo. A mí me mareaba recordar que mi discurso, que había cronometrado muchas veces, duraba cuatro minutos, un 400% más del tiempo indicado.

El ministro de Cultura de aquel tiempo, Cesar Antonio Molina me saludó muy cariñosamente. Javier Lanza, su jefe de gabinete, al que conozco desde hace 15 años, me lanzó con ironía: “¿Habrás preparado un discurso de los tuyos?”.

Pocos minutos antes de empezar el acto me acerqué a la presentadora Angels Barceló y le pregunté si podíamos dedicar más tiempo del previsto a nuestras alocuciones.. “Gervasio, habla el tiempo que consideres conveniente porque yo no te voy a cortar”, me contestó después de felicitarme y estamparme un par de besos en las mejillas.

Partes de una mina PMN2  Fotografía de Gervasio Sánchez

Partes de una mina PMN2 Fotografía de Gervasio Sánchez

La entrega de los Premios empezó con la única ausente, la periodista y bloguera cubana Yaoni Sánchez, a la que las autoridades de su país prohibieron su salida de la isla. La escuchamos en una grabación televisiva durante unos minutos. La persona que le representaba y que recogió el premio en su lugar hizo un discurso soso y largo.

Después iba yo. El actual director de El País, Javier Moreno, me felicitó y me entregó la obra de Chillida. En el púlpito levanté los ojos unos segundos antes de ponerme las gafas y comencé a leer lentamente. “El cabrito leyó ese día mejor que nunca (aunque leer no es mi fuerte)”, dijo después una persona que me conoce muy bien y suele corregirme con energía.

Sin duda el mejor discurso de la noche lo hizo Sanjuana Martínez. Se lo pedí, me lo regaló y lo tengo encima de la mesa. Empezaba con palabras muy bellas que no rechinan cuando las pronuncia una periodista de verdad: “El periodismo es crítica, confrontación, enfrentamiento. Es denuncia, agente de cambio, catalizador. Lo demás es propaganda”.

El siguiente párrafo era igual de rotundo: “Cualquier persona puede negarse a participar en una mentira, pero el periodista no solo puede si no que debe derrotarla a base de información rigurosa”. Y continuaba: “México se ha convertido en el segundo país más peligroso para ejercer el periodismo después de Irak. Pero lo que sobra en mi país es el periodismo que obedece a intereses de grupos empresariales y políticos. El mayor peligro es perder la vida, el segundo es perder el trabajo”. Incluso se atrevió a criticar algunas prácticas empresariales y políticas del Grupo Prisa en América Latina aunque no lo nombró y, por ello, quizá pasó desapercibido.

Prótesis de bambú hecha por un artesano en Camboya  Fotografía de Gervasio Sánchez

Prótesis de bambú hecha por un artesano en Camboya Fotografía de Gervasio Sánchez

No hubo intención de censurar mi discurso como se dijo en el famoso Pdf. El País prepara las páginas con mucho tiempo ya que el acto coincide con el cierre de la primera edición. Ese día, además, se alargó aún más porque muchos invitados llegaron con retraso debido al gran atasco que provocó una manifestación en Cibeles convocada a la misma hora.

Otra cosa es si sería bueno reservar un espacio para incluir lo más destacable de la noche. CNN Plus realizó un reportaje de un par de minutos y lo acabó con mis palabras más contundentes. Igual hizo la SER. Los demás medios no hicieron mención al acto. En España cada grupo mediático alaba su entrega de premios y le interesa poco o, mejor dicho, nada las de sus competidores.

Mi discurso sirvió para que un joven traductor de 29 años llamado Rafael Lafuente Blanco (lo aseguró en la radio pública de Galicia unos días después) le hiciera al presidente del gobierno la pregunta más dura (26 de enero de 2009)  sobre la venta de armas españolas que se ha escuchado en el programa Tengo una pregunta para usted. Zapatero tuvo que mentir ante seis millones de televidentes para escurrir el bulto y evadirse de la pregunta del joven sobre las ventas a Israel .

Siento cierto vértigo al pensar que un discurso de cuatro minutos puede dar tanto de sí. Viajar a tantos lugares y dar tantas vueltas hasta marear las palabras. También siento cierta excitación al pensar que Internet puede utilizarse como un arma poderosa e influyente.

Gervasio Sanchez

Fuente: Heraldo/Gervasio Sanchez

 

 

 

Color, dolor y racismo en Guatemala

Dedicado a Varín

Mi primer contacto físico con Guatemala se produjo el 15 de octubre de 1984. Por la mañana muy temprano abandoné la ciudad mexicana de San Cristobal de las Casas. Unas horas después ya estaba en la frontera de La Mesilla. Los trámites aduaneros fueron rápidos.

Coincidí con un puñado de viajeros extranjeros en un pequeño microbús. Los turistas no se atrevían a viajar por un país que vivía en permanente descenso a los infiernos. Los pasajeros guatemaltecos ni cuchicheaban. En los siguientes setenta kilómetros tuvimos que parar ante una decena de controles militares y policiales. Los soldados se mostraban desconfiados, nos apuntaban con sus armas y nos ordenaban descender para cachearnos.

Un año y medio antes, en enero de 1983, había empezado a trabajar en Barcelona con la organización humanitaria Amnistía Internacional. Mientras estudiaba cuarto de Periodismo dedicaba muchas horas a la semana a leer y resumir informes de las violaciones de los derechos humanos.

Celebración del día de los difuntos en un cementerio guatemalteco. Fotografía de Gervasio Sánchez

Lo que sabía sobre Guatemala superaba la imaginación más depravada. El país estaba cubierto de fosas comunes en la que yacían mujeres violadas y empaladas, niños de corta edad y ancianos. Los jóvenes se habían salvado porque huyeron de las aldeas antes de que se produjesen las incursiones del ejército y las patrullas civiles. Años después asistiría a varias exhumaciones.

El viaje hasta la capital se hizo eterno. Poco antes del anochecer llegamos al centro de la ciudad y conseguimos que el microbús se detuviese al lado del Chalet Suizo, un hotel que se convertiría en mi cuartel general en los años posteriores.

Me atreví a salir a la calle cuando ya había anochecido. Los dueños del hostal me lo desaconsejaron, pero estaba muerto de hambre. Volví rápido, me acosté y dormí de un tirón.

Al día siguiente escuché voces en la recepción. Algunas personas lloraban. Me asomé a la calle y, a unos cuantos metros, yacía un cuerpo sin cabeza. Me contaron que las fuerzas de seguridad salían cada noche a cazar a supuestos opositores a los que bautizaban como terroristas y, antes de amanecer, distribuían a las víctimas cazadas y asesinadas por lugares estratégicos. El objetivo era provocar el terror y paralizar a la población civil.

Les encantaban regodearse en la violencia gratuita, necesitaban que se viera la crudeza de sus actos. Los cuerpos aparecían desnudos, decapitados, quemados. Los rastros de las violaciones eran visibles en las vestimentas ensangrentadas de las mujeres.

En aquellos años miles de niños desplazados por los conflictos centroamericanos vivían en las calles. Las niñas se prostituían, los niños protagonizaban pequeños hurtos. Los cuerpos de algunos de estos niños aparecían abandonados en los basureros. Los asesinos les arrancaban los ojos o les cortaban la lengua. Amnistía internacional tuvo que liderar una campaña internacional contra esta salvaje práctica.

Adolescentes desplazados por la guerra viven en las calles y esnifan pegamento. Fotografía de Gervasio Sánchez

No me gustó la capital guatemalteca. Ni nunca me ha gustado a pesar de que he tenido que trabajar semanas enteras y vivir en su violenta zona 1. Aproveché aquella primera mañana para visitar a algunos familiares de desaparecidos que me aconsejaron que no me acreditase como periodista porque era muy peligroso.

Unos turistas me habían contado que el Banco de Guatemala compraba 100 quetzales, la moneda local, por 100 dólares a pesar de que en el mercado negro recibías un quetzal y medio por cada dólar. En la simple operación bancaria ganabas 50 quetzales. Con 50 quetzales podía dormir 25 noches en el Chalet Suizo y comer al menos una comida diaria. La pena es que sólo se podía hacer una vez al año ya que te ponían un sello en el pasaporte que te impedía repetir.

Dos meses después regresé a Guatemala y conocí a un argentino que había arrancado una docena de páginas del pasaporte para cambiar otras tantas veces más. Con el dinero extra llevaba unos seis meses viviendo gratis en Guatemala. Pero las autoridades de su país no le querían renovar el pasaporte usado y vivía atrapado sin poder abandonar el país centroamericano.

Guatemala era un país de postal. El color de los huipiles, vestimentas tejidas a mano, extasiaba. El dolor se escurría en aquella explosión de belleza. Los poderosos, herederos de los antiguos colonos blancos que nunca se habían mezclado, eran obscenamente racistas.

Dos días después atravesé la frontera de El Salvador y realicé un largo viaje por los conflictos centroamericanos. Aunque regrese a Guatemala un par de meses más tarde tardaría muchos años en atreverme a trabajar como periodista en aquel país herido de muerte por la violencia endémica.

En 1984 no había grupos organizados de turistas. En Panajachel, aldea que bordeaba el bellísimo lago Atitlán, sólo funcionaban dos pensiones. Visitar la aldea de Santiago, donde vivía un millar de viudas cuyos maridos habían sido asesinados o estaban desaparecidos y seiscientos niños huérfanos de padre y madre, obligaba a alquilar un barquito. Al ejército no le gustaban las visitas no anunciadas.

La primera vez que un civil puso la banda presidencial a otro civil en Guatemala  ocurrió en 1991 después de 170 años de independencia. Los militares eran especialistas en derribar gobiernos civiles que no les gustaban.

Aquellas elecciones presidenciales fueron menos violentas que las anteriores.  El país seguía en guerra. Una guerrilla formada por varios grupos armados seguía pertrechada en montañas y selvas. Pedía una mejora de las condiciones de vida de los indios y los mestizos, pero la clase dirigente guatemalteca, formada por un puñado de familias, no estaba dispuesta a perder sus privilegios adquiridos desde hacía generaciones.

Niños corren por las calles de Nebaj. Fotografía de Gervasio Sánchez

Una noche cenaba en un restaurante en Panajachel después de viajar durante varias horas desde Nebaj, una de las ciudades más violentas del país. Escuchaba las conversaciones en francés de un grupo de turistas que había llegado de visitar el mercado de los domingos en Chichicastenango.

Una de las turistas comenzó a explicarme que le encantaba el país, que la gente era muy dulce y feliz, que aquel lugar le recordaba el paraíso. Suele pasar que muchos turistas viajan sin saber qué ocurre en el país de sus sueños. No es obligatorio llevar un dossier de prensa. También hay periodistas que viajan sin estar documentados. Es más grave pero, al menos, a ellos se les nota cuando se ponen a escribir y caen fácilmente en el simplismo y la ignorancia.

Pero aquella noche no estaba dispuesto a escuchar lindezas de aquel calibre. “Señora –le dije-, ¿sabe usted que en los alrededores del mercado que ha visitado hay un centenar de cementerios clandestinos en el que yacen niños, mujeres, civiles asesinados en la última década?”.

La señora se quedó pensativa durante unos minutos hasta que hincó el cuchillo en el trozo de carne que se estaba comiendo y contestó: “Es posible pero los indígenas son muy simpáticos y felices”.

Pensé si valía la pena continuar aquella conversación. Pensé en decirle a la guía que informase a los turistas de la triste realidad que se ocultaba tras tantas sonrisas. Pensé que era una insensatez viajar con los ojos tapados y la conciencia inservible. Pensé, aquella noche, que el sino de nuestros tiempos era la estupidez. Pero estaba cansado de toparme con la muerte y concluí que no valía la pena hacer el más mínimo esfuerzo. La batalla de la información estaba perdida desde hacía mucho tiempo.

Guatemala, una tragedia perenne (1) (Reportaje publicado el domingo 6 de enero de 1991)

Guatemala, una tragedia perenne (2)

Guatemala, una tragedia perenne (y 3)

Fuente: Heraldo/Gervasio Sanchez

 

La foto de la “niña del napalm” cumple 40 años

El fotógrafo Nick Ut saluda a la “niña del Napalm”, Kim Phuc, en el auditorio del Liberty Baptist Church en Newport Beach (California) donde recordó el momento retratado el 8 de junio 1972 por el reportero, quien ganó el Premio Pulitzer con la instantánea de su huida, abrasada, de un bombardeo cerca de Saigón. EFE

La famosa fotografía de Nick Ut que transformó a Kim Phuc en “la niña del Napalm” (AP) y que sirvió para que finalizara la guerra.

Los Ángeles (EE.UU.), 6 jun (EFE).- La famosa fotografía de la “niña del napalm” cumple este viernes 40 años convertida en un icono de los estragos de la guerra, un aniversario en el que sus protagonistas recordaron a Efe la capacidad de una imagen para cambiar el curso de la Historia.

Kim Phuc tenía solo 9 años cuando un avión del Ejército survietnamita bombardeó su pequeño pueblo de Trang Bang, cerca de Ho Chi Minh (entonces Saigón), en un ataque coordinado con el mando estadounidense que trataba de controlar el abastecimiento por carretera entre Camboya y Vietnam.

Los informes de EEUU indicaban que no había civiles en la localidad, según explicaron posteriormente los militares al frente de la operación, quienes dieron luz verde al lanzamiento de misiles cargados de napalm, un combustible capaz de calcinar cualquier forma de vida, que convirtió el lugar en un infierno en llamas.

“Hasta entonces yo era una niña feliz”, aseguró Phuc quien atemorizada se había refugiado con su familia en el templo de Cao Dai.

El fuego de esas bombas, que alcanza 1.200 grados, carbonizó sus ropas y le causó quemaduras en el 65 por ciento de su cuerpo, especialmente en su espalda y brazo izquierdo, cuya piel se derretía del calor.

Phuc salió corriendo por la carretera desnuda, presa del dolor -“¡muy caliente, muy caliente!”, gritaba-, con el rostro en llanto, igual que otros de sus parientes. Un momento que inmortalizó el fotógrafo vietnamita Nick Ut quien cubría la Guerra de Vietnam para la agencia estadounidense Associated Press.

Esa instantánea tomada el 8 de junio de 1972 dio la vuelta al mundo y mostró los horrores del conflicto a la sociedad internacional hasta el punto de que fue decisiva para acelerar el final de los enfrentamientos.

“La Guerra de Vietnam terminó gracias a esa fotografía”, aseguró a Efe el fotógrafo, quien esta semana se reencontró con Phuc en una conferencia organizada por la iglesia baptista Liberty de Newport Beach, en el sur de California.

Aquella imagen fue una de las muchas que tomó Ut en aquel conflicto, aunque ésa marcó su carrera y le valió el premio Pulitzer.

“Para mí parece que fue ayer, es muy triste, miro de nuevo a las fotografías y se ve lo terrible que fue la guerra, todas las guerras, no solo Vietnam”, comentó el reportero gráfico que ahora tiene 61 años y aún sigue en activo.

Ut volvió a desempolvar aquellas instantáneas con motivo del 40 aniversario de aquel 8 de junio, unos documentos que no captan lo que pasó a continuación pero que el fotógrafo se encargó de narrar.

“Fui a ayudarla al instante (a Phuc) porque su piel se le estaba desprendiendo del brazo y la espalda. No quería que muriera. Dejé mi cámara y empecé a echarle agua encima, luego la metí en mi coche y nos fuimos al hospital, sabía que podría morir en cualquier momento”, relató Ut.

Kim Phuc llegó en estado crítico al centro médico y el personal, escaso de recursos, la envió directamente al tanatorio, donde pasó tres días.

“Pero no me moría”, contó Phuc, quien gracias a un amigo de su padre terminó por ser realojada en unas instalaciones para quemados donde estuvo bajo tratamiento durante 14 meses.

“Es un milagro que sobreviviera”, confesó la mujer cuya historia emocionó a los feligreses californianos a los que enseñó las cicatrices en su brazo quemado, aún visibles a pesar de haberse sometido a 17 operaciones para reconstruir el tejido incinerado por el napalm.

Las secuelas psicológicas, apuntó Phuc, duraron mucho más. En su caso, encontró la paz que estaba buscando en 1982 a través de la fe cristiana que ahora predica con una sonrisa, según declaró.

“Estoy muy contenta. Pienso que la fotografía es un regalo muy poderoso para mí y creo que el mundo es mejor gracias a ella, porque ha hecho que la gente sea más consciente cuando piensa en guerras”, manifestó.

Tras la Guerra de Vietnam, Kim Phuc fue utilizada por el Gobierno comunista del país para campañas de propaganda hasta que logró que le permitieran ir a estudiar a Cuba, donde aprendió un poco de español y conoció a su esposo.

En 1992, cuando volvía de su viaje de novios de Moscú a La Habana aprovechó una escala de su avión en Canadá para pedir asilo político.

Desde hace 15 años es embajadora de Buena Voluntad de la Organización de las Naciones Unidas para la Educación, la Ciencia y la Cultura (Unesco).

Por Fernando Mexía

Fuente: La información
(Agencia EFE)